Educar en la belleza: ‘Saber mirar es saber amar’

La Belleza, ¿qué es la belleza?. Muchos escritores, filósofos y científicos se ha hecho esta pregunta a los largo de los siglos. Para Platón, la belleza se encontraba en la sabiduría, que lleva al Bien, la aspiración de todo hombre. En cambio, si atendemos a la RAE la define como una “cualidad de una persona, animal o cosa capaz de provocar en quien los contempla o los escucha un placer sensorial, intelectual o espiritual”, es decir, algo que a una persona le gusta.

Hoy en día, las personas vamos por la calle pero no caminamos tranquilamente sino con prisas, vamos a los lugares corriendo o como algunos dicen “caminando rápido”. Hemos de recuperar la calma para fijarnos en las personas con las que convivimos, en lo que pasa a nuestro alrededor. Si nos detuviéramos, apreciaríamos lo que nos rodea y especialmente a las personas. Hay que comenzar desde la mas tierna infancia a educar a los niños en la belleza. Primero hay que sensibilizarlos, que aprendan a valorar las cosas sencillas, las pequeñas, las que pasan más desapercibidas para la mayoría de la gente. Debemos enseñarles a mirar.

Me gustaría citar la escena de una película que vi cuando era pequeña, Canción de cuna de J.L. Garci de 1994. El doctor regala a la abadesa «Diálogos» de Vives y le pregunta el porqué de su admiración al filósofo y pedagogo valenciano a lo que la religiosa le responde:

“Juan Luis Vives sintió acaso como nadie la eterna poesía de lo pequeño y lo cotidiano ¿Verdad qué es hermoso Don José mirar el arroyo y oler un ramo de tomillo y observar el amanecer cuando el mundo parece recién bañado? Hay una transparencia en el cielo que ya no tendrán las demás horas del día. La belleza de lo vulgar, la armonía de lo efímero, tal vez los cuadros más reales de esta vida. Saber mirar es saber amar.”

Creo que con esto queda bastante reflejado el primer objetivo de educar en la belleza. Los niños tienen que saber apreciar como dice el diálogo “los cuadro naturales de la vida” así después, sabrán apreciar, deleitarse y cultivar su espíritu con los cuadros de Goya, Velázquez o Murillo. Este tipo de educación pasa muchas veces desapercibido, como que no es importante; por cotidianeidad, despreciamos un bello amanecer o una puesta de sol, porque consideramos que hay aspectos más urgentes y precisos en los que formar a los niños.

La importancia de escuchar

La belleza no sólo se encuentra en el mirar, sino también en el escuchar. Cuántas veces hemos escuchado una canción, la hemos repetido mil veces porque nos gusta y al final la hemos acabado aprendiendo, la hemos desmenuzado y la hemos dividido en partes para apreciarla mejor. Así aprendemos a deleitarnos con la música pero,

¿escuchamos a las personas que nos rodean o sólo las oímos? ¿educamos a los niños a escuchar? Aquí me gustaría citar otra película un poco más conocida “Matar a un ruiseñor”. En la escena donde comparten mesa el abogado Atticus, el padre, con sus hijos, hablan y comparten sus vivencias. Les recuerda el consejo que le dio su padre al regarle la primera escopeta.

“Me advirtió que no tenía que apuntar nunca contra nada de la casa, Sólo me dejaba disparar en el huerto contra latas vacías, pero considerando que tarde o temprano me vencería la tentación de disparar a los pájaros, me dijo que podía matar a todos los grajos que quisiera, si les daba, pero que no olvidase que matar a un ruiseñor era un gran pecado…. Ya que ellos no hacen otra cosa que cantar para regalarnos el oído, no picotean el sembrado, no entran en los graneros a comerse el trigo. No hacen otra cosa que cantar con todas sus fuerzas para alegrarnos”

Un ruiseñor sólo tiene la función de alegrarnos para que disfrutemos de su canto pero, no nos detenemos a escucharle. Efectivamente, cuántos «ruiseñores-humanos» nos rodean y les oímos pero no escuchamos su melodía. Creo que esta escena familiar es poco frecuente. Cada vez es más difícil reunir a todos los miembros de la familia en torno a la mesa y hablar porque se suele estar más pegado al móvil que a oir la belleza de los trinos humanos.

Educar en belleza no es sólo educar en arte o en música, es algo más completo y complejo. La vida está llena de dificultades. ¿Se puede decir a los niños que la dificultad es bella?¿La dificultad tiene algo de belleza? Sí, porque las dificultades las podemos superar, por eso son bellas. La belleza de la dificultad es vencerla. La labor del docente es una de las cosas más bellas que existen, el transmitir el conocimiento a otras personas es hermoso pero también es importante enseñar y plantear retos para aprender a solventar los que luego se presentan en la vida.

Creatividad e imaginación

Por último, la educación en la belleza da paso a la creatividad y a la imaginación. Si los niños saben apreciar lo bello, su imaginación se desarrollará plenamente, su capacidad de observación será enorme por eso solemos decir que los grandes inventores o científicos tuvieron una gran imaginación que se debe seguro a que todo su mundo lo miraban y escuchaban desde la perspectiva de la belleza. Los niños de hoy en día están muy “pegados” a los ordenadores, tablets, móvil y televisión, algunos incluso pasan horas delante de las pantallas en las cuales muchas veces solo se ven violencia y groserías. No digo que este mal pasar tiempo con un ordenador pero esos niños no conocen la belleza que tiene una ciudad o incluso cuando están en un museo no se separan de los móviles para hacer fotos. ¡Levantad la cabeza! ¡Admirad los cuadros! El pintor ha puesto toda su alma en la obra, ha querido que la admiréis porque hay belleza en ella, os tiene que transmitir algo. La educación en la belleza, es una forma de sensibilizar al niño, que debe aprender a gestionar sus emociones ya que a través de la belleza sienten y deben ser capaces de explicar eso que sienten. “Saber mirar es saber amar”.