El despertar de la señorita Prim

“Creen que añoran el pasado, pero en realidad su añoranza tiene que ver con el futuro” [1]

Así arranca la novela de El despertar de la señorita Prim de Natalia Sanmartín Fenollera. De primeras es difícil entender esta frase pero cuando uno termina el libro es capaz de darle un sentido. Así pasa en la vida. Al principio podemos no entender qué va pasando, pero al final, podemos colocar todas las piezas del puzle y darnos cuenta de que todo encaja, que no hay nada que pase que haya sido en balde. Todas las piezas son importantes.

Responderemos a las preguntas que tendrán nuestros lectores: ¿De qué trata la novela?, ¿Por qué este libro?, ¿Qué tiene que ver el título con la novela?, ¿Por qué el uso de la cita inicial?

La respuesta a la primera pregunta será superficial pero suficiente para no estropear el libro a nadie y animar a los que no lo hayan leído a hacerlo, y para entender mejor lo que queremos transmitir. Prudencia Prim es una mujer con muchas titulaciones que va a San Irineo de Illinois a por una oferta de trabajo de bibliotecaria. Lo ve como una oportunidad para salir del ruido y del ajetreo de la ciudad. Consigue el puesto y se queda allí a vivir. Descubre durante su estancia que ese pueblo se ha formado con gente que vive en contra del mundo moderno. La población ensalza los valores de la tradición, la educación, la vida familiar, la comida, el tiempo, la organización, la formación espiritual y académica, el trabajo, la vida tranquila y reposada y la importancia de las cosas pequeñas.

La segunda pregunta de por qué este libro, es sencilla y clara: por todo lo que aprendemos de él, porque nos hace reflexionar, nos acerca a la verdad. Podríamos escribir un libro complementario analizando cada diálogo, cada frase, cada palabra, cada situación ya que nada tiene desperdicio y todo nos ayuda a darnos cuenta de la realidad de las cosas.

De la misma forma que afrontamos la vida, leemos un libro. Hay muchas formas de vivirla así como maneras de leerlo. Y así se forman las distintas personas y lectores. Podríamos haber escogido otros libros, pero hemos elegido este. Y así como todo lo que sucede en la naturaleza tiene una causa y razón de ser, lo mismo pasa con esta novela. ¿Qué esconde tras un título y una portada sencillos? Eso mismo: el valor de la sencillez. Pero enseña mucho más que esto. En las reseñas de este libro destacan principalmente este aspecto, pero se quedan cortos.

Pero ¿qué tiene que ver el título con la novela? Entre estos dos elementos existe una relación total y absoluta. Todo. Es la clave. No podría haber sido mejor escogido. No habría título que mejor describiera la intención de la autora. Prudencia acaba despertando y dándose cuenta de la realidad. ¿Y qué es la realidad? La verdad. Se puede leer de tres formas este libro. Las nombraremos de menor a mayor profundidad: la primera puede leerse en clave de novela romántica; la segunda, en modo filosófico y poniendo atención a temas controvertidos que se van tratando en la novela y que a muchos les parecerán radicales; y la tercera, viendo una conversión de la protagonista. En la tercera forma también es necesario entender y captar la segunda forma, pero el tercer aspecto que hemos nombrado completa y perfecciona la forma de leer la novela. Y es que en realidad todos estamos llamados a una visión más profunda de las cosas. No podemos quedarnos en la superficie. El hombre es mucho más que un conjunto de materia. Tiene un cuerpo y un alma y estas dos partes, lejos de ser antagónicas, se deben ayudar entre ellas a llegar al conocimiento de la verdad.  En medio de la narración de la vida cotidiana de unos personajes, a través de diálogos ricos en metáforas, juegos de palabras y símbolos, en un aparente silencio, la autora hace un grito a la humanidad entera para que despierte. Vivimos como Segismundo, protagonista de la obra de Calderón de la Barca La vida es sueño, que al principio de la trama no sabe si está soñando o despierto. Sabemos que en el fondo la vida es sueño y que el despertar es el morir, pero en esta vida podemos hacer el primer despertar. Abrir los ojos y darnos cuenta de que vivimos en un letargo profundo, que el mundo nos está adormeciendo, que nos lleva a la negación de la misma naturaleza, al conformismo, a creer que cada vez somos más libres y a no darnos cuenta de la esclavitud en la que vivimos. El objetivo es permanecer dormidos. Pero no podemos quedarnos así. Es hora de luchar contra todo aquello que nos deshumaniza, contra este sueño que nos impide hacer grandes cosas. “Por qué dormís?” [2]Dijo el maestro de los maestros. Y continuó diciendo: “Levantaos”. Y el apóstol nos dice “Ya es hora de que despertéis del sueño”[3]. Si buscamos encontraremos, si luchamos ganaremos, porque la Verdad ya ha vencido. Y cuando verdaderamente despertemos nos daremos cuenta, como la protagonista de la historia, de que no luchamos solos, que aunque cueste reconocerlo, no todo depende de nosotros y que hay que luchar con humildad y abandono ya que estos dos aspectos son los componentes esenciales del éxito, a pesar de lo que nos venda el mundo que quiere que durmamos y vivamos en un sueño ficticio.

Con todo lo dicho podemos acabar haciendo referencia a la cita inicial y respondiendo así a la última pregunta. La verdad siempre vence y la realidad en la que vivimos no es fácil. Newman tenía razón al decir que lo que añoramos no es el pasado (con el que hemos intentado romper radicalmente y luchar en contra) sino el futuro, el porvenir, la vida que vivimos. No todo está perdido. Solo tenemos que despertar.

 

[1] John Henry Newman

[2] San Lucas. 22, 39-46

[3] Rom 13: 11-14