Artillería pesada económica para derrotar al coronavirus

Antonio Alonso Muñoz 0 Comments

La crisis del coronavirus ha pasado de ser meramente un pequeño virus que iba a afectar un trimestre en Asia a una hecatombe que puede causar una recesión parecida a la gran depresión del Crack del 29. Aun teniendo orígenes claramente distintos y no queriendo entrar en discusiones, el tiempo que puede afectar el impacto psicológico del virus en la mente de los consumidores parece ser que será palpable, casi del mismo nivel.

Durante las últimas semanas, tanto la política fiscal como la política monetaria se han puesto manos a la obra para intentar salvar a la enferma economía que está en la UCI conectada en vena y al borde de la muerte, pero parece ser que ni con la inyección estratosférica de millones de tanto gobiernos nacionales como bancos centrales ha servido para mucho.

El problema que se plantea no es baladí, y es que la necesidad sanitaria de estar parados sin movernos de casa ha generado una caída drástica del consumo e inversión, que amenaza tanto a países emergentes (por el cierre de operaciones buscando activos refugio) como a los países desarrollados (por el cierre de actividad que ha pillado a muchos con la guardia baja), dejando una situación claramente incierta en la economía.

En esta situación tan dramática –que muchos políticos comparan con una guerra-, es necesaria la puesta en marcha de nuevas medidas que permitan a los gobiernos gastar más por un coste inferior. El barco del Euro ha sufrido un gran choque al no haberse coordinado una medida de salvamento ante el naufragio y ha primado el “sálvese quien pueda”, debilitando claramente la imagen de la capitana Von der Leyen. Sin embargo, aún no está todo perdido, ya que en medio de la tempestad varias medidas pueden ayudar a reparar esta imagen e incluso seguir creyendo en el modelo europeo.

En primer lugar, una medida que se espera en Europa del Sur y en especial en España e Italia es la emisión de Eurobonos o Coronabonos. Esto permitiría a los gobiernos financiarse prácticamente a coste cero y, asimismo, ayudar a las PYMES o autónomos con una exoneración de cotizaciones o pagos o permitir crear de una manera más ambiciosa la posible Renta Mínima de Emergencia defendida por varios miembros del gobierno de España y que es posible que se acabe aplicando. Esta medida mostraría la Unión Europea como un barco seguro y conseguiría unir a la resquebrajada tripulación, así como obligar a los Estados Miembros a consensuar medidas coordinadas que puedan resolver los distintos problemas de las diversas economías interiores. No obstante, países como Alemania, Países Bajos y Finlandia han defendido a capa y espada que esta medida ya se planteó en la anterior crisis y que se descartó por imposible. ¿Por qué se oponen? Principalmente, porque es una solución basada en mezclar “deuda buena” con “deuda mala”; en términos macroeconómicos emisiones de deuda con una calificación crediticia muy elevada (como Alemania) con otra de muy baja calificación o bonos basura (como Grecia). Además, les permitiría esquivar los posibles “hombres de negro” que aparecerían tarde o temprano en los países del Sur si se acogiesen al MEDE. Y, como varapalo final a la propuesta, se tiene el ejemplo de la crisis bancaria de 2008, sucedida muy en parte por los “riesgos desconocidos” derivados de la mutualización de los préstamos hipotecarios.

En segundo lugar, la medida que ha dado sentido al título y que tanto ha esperado el lector es, nada más y nada menos, la utilización del arma que ya ideó Milton Friedman del “Helicóptero de Dinero” y que, si bien no se ha probado todavía y no hay precedentes en su utilización, es necesario estudiar la viabilidad de la misma desde un punto de vista económico. La cadena de argumentación lógica que defiende esta propuesta vendría respaldada por varios argumentos:

  • La caída del consumo y de la inversión son tan grandes que, ni aún con la liquidez que se ha proporcionado al sistema bancario conseguirá no romper el tejido productivo de muchos países y poner en jaque a diferentes países.
  • Una posible bajada en los precios debido a este estancamiento de los componentes de la Demanda Agregada que tanto pesa en el PIB europeo y en especial en los países del sur podría llevar a una deflación, por lo que la inyección masiva de dinero en la ciudadanía no agravaría el riesgo de inflación, haciendo viable esta medida, que entraría en un nuevo terreno de las políticas monetarias “no convencionales”, pero que seguramente convencería tanto a Estados como a inversores, recuperando el prestigio perdido por la aberrante intervención de Christine Lagarde hace unas semanas.

Para hacerlo, sin embargo, no es necesario “imprimir billetes”, sino que simplemente se puede ofrecer una especie de “vale de compra” de una cantidad igual para toda la ciudadanía “1000-2000€”, que se pueda canjear en tiendas durante un periodo de tiempo limitado y, a su vez, los productores pueden enviarlo a los Bancos Comerciales y estos a los Centrales, completando así el ciclo. Con esta medida, permitiría tanto apoyar a pequeñas familias, como hacer que la recuperación fuese en U porque, tal y como plantean indicadores avanzados como el IFO alemán o el TANKAN japonés, en V seguramente únicamente se recupere China.

Esperemos que no tengamos que acudir a la máxima “la historia siempre se repite”, pero seguramente esta crisis nos lleve a una recesión de magnitudes catastróficas que puede llegar a cambiar el orden geopolítico y a provocar otra nueva “Gran Depresión” como la del siglo anterior. Sólo el tiempo lo dirá.