La exposición explora la fuerza de las imágenes en la sociedad actual
Albert Gómez Ibars
Se dice que el lenguaje y la fotografía son simulacro, sinécdoques de la realidad. ¿Qué sucede entonces cuando imagen y lenguaje se ven limitados por el marco de una pantalla omnipresente? Sucede que “el mundo se convierte en pantalla, al mismo tiempo que la pantalla se convierte en mundo”.
Basada en la obra de Lipovestky y Serroy, La pantalla global. Cultura y cine en la era hipermoderna, la exposición Pantalla Global se puede ver en el Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta finales de mayo. Se trata de una cuidada exposición –la oscuridad, los efectos que multiplican el efecto de una pantalla omnipresente y mass music– que guía al espectador a través de diversos vídeos cortos por las transformaciones y las facetas de la pantalla.
Ahora la Historia no se escribe en papel sino que la pantalla escribe la Historia. Para que un acontecimiento llegue a la agenda mediática debe pasar por las pantallas. Si antes se decía que “la revolución no será televisada”, todo indica que ahora no habrá televisión si no es televisada (o tuiteada).
Una enorme pantalla con fragmentos de grandes vídeos virales en forma de estrellas en el espacio introduce el tema de las “egoestrellas”. Si en la religión los santos representan la posibilidad de llegar a Dios, YouTube recuerda que aún se puede triunfar, anima a seguir en la sociedad del espectáculo susurrando que esas estrellas no están tan lejos de cualquiera.
Y en esta detallada exposición no podía faltar la pantalla del ordenador: si YouTube acerca a las estrellas, la homogenización de los contenidos en línea permite a todos participar del sistema, ser creadores de contenidos y proveer de feedback al sistema. La política tampoco escapa del sistema (pese a sus esfuerzos de control): los nuevos líderes políticos deben ser ahora estrellas mediáticas y lo mismo sucede con los deportistas. Tal vez esta sobrexposición pública de los líderes, este zoom continuo al que están expuestos, es el motivo por el que no hay dirigentes de calidad: todos las grandes figuras históricas tuvieron defectillos, pero sus defectos no aparecían en los televisores de todos los hogares.
Gracias a la televisión la publicidad se ha convertido en un vector propio de los acontecimientos sociales. La publicidad ha llegado a tal grado de influencia –gracias a que penetra en los hogares- y es capaz de redirigir las vidas y reconstruir imaginarios sociales de felicidad, belleza y realización personal. La publicidad, a través de la pantalla, crea un imaginario social colectivo marcado por lo “hiper”: la llamada “retórica del exceso”, la hipertrofia de información y de imágenes impactantes y un continuo crecimiento de la velocidad social de cambio.
El análisis de cómo la pantalla ha cambiado la visión de la sexualidad merece un libro propio. La historia de la pornografía (lo “obsceno” representaba lo que está fuera de escena, fuera de pantalla porque no puede ser reproducido ni representado), da un vuelco radical en el paso de la imagen pornográfica al vídeo. De la sexualidad hiperrealista se pasa a la violencia histérica. La velocidad y la hipertrofia presentan una pantalla deseosa de dosis de realidad que suministra segregando adrenalina y haciendo sentir miedo.
La pantalla procura ser real, procura hacer sentir y vivir y aquí aparece, entre otros, los videojuegos. Esta interacción con la pantalla desemboca en la creación de una secondlife que permite acceder a un nuevo pseudomundo, aunque se sigue experimentado sensaciones totalmente reales como el miedo, la rabia y el deseo.
Interacción crítica
La exposición llega a proponer la interacción crítica con la pantalla de los iPhones, pero tampoco olvida la faceta de la “pantalla de la vigilancia” y el papel que jugará en las futuras democracias (o totalitarismos):
Pantalla Global habla de una “realidad aumentada”, en construcción continua y abierta a interacciones, pero también de una realidad que se aleja cada vez más de la idea de separación entre la vida pública y privada. Si el medio es el mensaje, tal vez la solución a las preguntas sobre cómo realidad y pantalla conviven se deba a que la pantalla transporta a una nueva realidad que no se conocía hasta ahora.
