Teatro y juegos psicológicos

Ignasi Steegman 

 

En muchas ocasiones se ha podido ver la influencia que tiene la psicología en el mundo del teatro. Podríamos decir (reduciendo mucho la definición), que los psicólogos estudian la conducta de los seres humanos. Si, con esto, tenemos en cuenta que no hay otra cosa que interese más a la gente del teatro que reflejar cómo viven y cómo se comportan las personas ante situaciones determinadas, podemos llegar a la conclusión de que unir la ciencia psicológica junto con el arte escénico es una de las mejores formas de hacer teatro.

Pues bien, esto es lo que se propone y consigue de forma genial el dramaturgo norteamericano Edward Albee. Este autor escribió en 1961 la obra ¿Quién teme a Virginia Woolf?, y estas semanas pasadas se vio una estupenda adaptación del texto en el teatro Romea de Barcelona.

 El planteamiento de la obra parte del matrimonio formado por Martha y George. Ambos viven en una casa de una universidad en Nueva Inglaterra. Ella es la hija única del rector de dicha universidad y él es un profesor adjunto del departamento de Historia. La acción empieza cuando ellos vuelven a su hogar después de una larga cena organizada por el padre de Martha. Son las dos de la madrugada y han invitado a tomar la última copa a una joven pareja que acaban de conocer en la cena. Estos nuevos invitados son Nick y Honey. Él es un nuevo miembro del departamento de biología, que ha empezado a trabajar en la universidad desde hace poco y ella es la esposa de Nick. Como veremos a lo largo de la obra, se trata de una chica con marcados rasgos histriónicos de personalidad.

Interpretar ficciones

De las cosas más interesantes que plantea la obra, podemos destacar los juegos psicológicos que realizan los anfitriones de la casa. Es increíble observar cómo durante las dos horas que dura la función, los protagonistas no cesan de jugar a interpretar ficciones que no corresponden con la realidad. Así, ya en el primer acto vemos como George y Martha se divierten mientras provocan e intimidan a sus jóvenes invitados. Se trataría de un juego diabólico por parte del matrimonio mayor.

 Más tarde, no sólo discuten y se insultan entre ellos, sino que poco a poco, empiezan a implicar a los recién llegados y les introducen en situaciones difíciles de vivir. Por ejemplo, Martha adopta un estilo seductor con Nick, a la vez que éste entra en el juego y se deja seducir por ella. O todas las escenas en que se humillan mutuamente al contar intimidades de pareja. Son momentos terribles que demuestran como las altas dosis de alcohol junto con el malestar intrínseco de los personajes pueden conducir hacia la máxima miseria humana.

 George y Martha comparten un secreto hasta el final de la obra. Se trata de otro juego, algo macabro, en que imaginan la existencia de un hijo de dieciocho años de edad. Como descubriremos a lo largo de la historia, se trata de pura ficción, pero para hacer sufrir a los invitados, simulan que el hijo se ha muerto en un accidente automovilístico la misma noche en que ocurre toda la acción.

 Son personajes que han perdido el rumbo completamente. La ambición por convertirse en personas importantes y la necesidad de aparentar aquello que no se es, les hace víctimas de sus propios actos. George, siendo el yerno del rector, tenía la pretensión de llegar a ser catedrático, meta que no alcanza y se queda como profesor agregado. Del mismo modo que Nick se casó con Honey por la riqueza de su suegro y por otros factores, como el amor. El autor despoja a los personajes de todo convencionalismo y muestra su cara de vencidos ante la vida.

Intercambios y reacciones

Cuando una persona va al teatro, espera ver una historia con un principio, un nudo y un claro desenlace. Busca asistir a una sucesión de escenas que van narrando una interesante trama que nos suele atrapar hasta que llega el final. En el caso de esta obra, es completamente lo contrario. ¿Quién teme a Virginia Woolf? tiene muy poca acción concreta. Lo más significativo de toda la pieza son los rápidos y detallados intercambios verbales. Con otras palabras, lo más importante es la interacción comunicacional que se da entre los cuatro actores.

 Por todas estas razones, y otras más, el psicólogo y filósofo americano, Paul Watzlawick, analizó esta obra de Albee para explicar su estudio de la conducta humana. Lo reflejó en su famoso libro: Teoría de la comunicación humana. Interacciones, patologías y paradojas. No es de extrañar. Tal y como decía el antropólogo Gregory Bateson, la psicología social es “el estudio de las reacciones de los individuos frente a las reacciones de otros individuos”. Pues bien, toda la función presenciada en el teatro Romea, trata de cómo reaccionan los personajes ante determinadas escenas y situaciones. Cómo responden ante determinados juegos.

 La obra está dirigida por el argentino Daniel Veronese, interpretada por Emma Vilarasau en el papel de Martha, Pere Arquillué en el rol de George, Mireia Aixalà en el de Honey e Ivan Benet en el de su marido: Nick. La traducción de la obra es de Josep Maria Pou.