El reencuentro de los perdidos

Ángel Ubach

 

El director de cine hongkonés Won Kar-wai hace su majestuosa entrada en las pantallas occidentalesl con la película My Blueberry Nights, de la mano de actores como Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman y Rachel Weisz, entre otros. Esta producción nos muestra el viaje que realiza Lizzie (Jones) tras un desencanto amoroso.

El viaje, como en El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, empieza y finaliza en el mismo punto y estará marcado por los encuentros de la protagonista con singulares personajes. Éstos darán a Lizzie, de forma involuntaria, respuesta a las preguntas de la joven, favoreciendo que recomponga su vida.

Lo más interesante de este filme es cómo transmite al espectador, a través de la conjugación de distintos elementos, la verdad que engloba. El director nos muestra una cura de la soledad y una apología a la amistad. Lizzie, mediante su amistad con los diversos personajes de la película, aprende de su pasado y se reencuentra a sí misma —“Los demás son un reflejo y me acercan más a mí”, le escribirá Lizzie a Jeremy—. Sobre este aspecto, tenemos dos elementos como son la tarta de arándanos (presente en varias escenas de la película) y la búsqueda de Lizzie. En cuanto al primero vemos como la tarta simboliza ese deseo no colmado por culpa de otros que, aunque tienen peor sabor, parecen más apetitosos. Sólo será al final de la película cuando los dos degustan esa cercana y gustosa tarta.

En este sentido, también está la historia que le explica Jeremy a Lizzie al principio del film. Éste narra que su madre le aconsejaba que cuando se perdiera se quedara quieto, y como una vez su madre se perdió buscándole. Jeremy está perdido en su café, símbolo de su vida, y necesita que lo encuentren, por eso, como bien aprendió con su madre, no se mueve de allí. Con perspectiva, vemos que Lizzie ha hecho lo mismo que su madre: estando Jeremy quieto, y siendo él a quien buscan, se pierde por el mundo hasta reencontrarlo.

Es interesante ver que en la actualidad se ha superado, en el cine, el aprendizaje por mimesis aristotélico del espectador respecto al protagonista y, mediante esta nueva forma comunicativa más difusa, es también interesante ver cuán necesitado está el hombre del otro.