Alfonso Freire
Rebasas la línea,
te aísla de tu propia realidad hasta tu creación,
designas- improvisando- mi destino
y obstinada,
dibujas parajes que de ningún modo existieron,
todos y cada uno conformando
un cuadro que -tal vez- nadie comprenda jamás.
Bendecida con el talento
de quien dibuja sentimientos y belleza
como impresión de la realidad.
Susurras insólitos pero apacibles trazos,
trazos en loa al olvido,
mas presiento que algún día me recordarás,
quizá como mera tempera estampada en lienzo,
suave pincelada sobre tapiz,
quizá sea suficiente,
acaso pudiera opinar sobre la destreza del pintor…
Ahogas el pincel en paleta Gouache,
trazas un nuevo rasgo para describir
esa mirada que nos unirá eternamente,
por siempre en un cuadro,
cuando el por siempre
quizá sea alegoría del olvido,
o la más común de las metáforas,
aposentado sobre un viejo caballete,
esperando cualquier fin
que no sea perderte.
(los años pasaron…)
Suave y remisamente, tus gélidos dedos crean,
dibujan el reflejo de cuanto fui en vida;
el lienzo se degrada y se enaltece a la par
en tonos cálidos huyendo del negro de épocas pasadas.
Una oda en tempera a la vida,
un mundo nuevo que se abre a mis ojos,
un sentimiento que se alza por encima de lo material
tan dado a caer en la nada.
Sujetas el pincel con tus escuálidos dedos,
ahora se dirimen hacia el contorno de una faz,
de mirada entristecida,
cansada de esos sueños que se quebraron
de esa búsqueda del amor perfecto en los demás.
Tu trazado sigue mostrando esa incierta infelicidad
y lo que antaño fue incoloro
se descubre ante ti,
como cosmos desconocido.
Siento que el tiempo no cesa,
lo que hoy es juventud se convierte
en pequeñas muecas y heridas
en lo más profundo de mi ser.
Siento lo que una vez no fue perfecto
ahora se acrecienta en la bella imperfección.
La vejez no afea el sentido de la vida
en esos sentimientos dibujados,
atemperados sobre el lienzo.
Te prometí que si caías, te levantaría,
te prometí que si te perdías, te encontraría,
te aseguré que siempre estaría cerca de ti,
observando receloso,
como lo hace el pintor con su obra más incomprendida.
(…la artista no puede corresponder el amor romántico que siente su obra por ella…)
Delgados, pálidos y fríos dedos sostienen,
apenas sin ímpetu,el pincel que desdibuja el contorno,
mientras –sin ser vista- una lágrima cae,se desploma y despedaza contra el suelo
finge ser gota de lluvia,
lágrima en la tempestad,desterrada de la tormenta, donde te refugiaste,
te alejaste de tu creación
por un mientras infinito
y aquí,
enjaulado en este maldito cuadro,
espero el día en que sea de nuevo, observado.
El cuadro se vuelca en impresionismo y, con tonos desafiantes,
emerge una figura donde algún día,fusiona dos cuerpos, dos corazones,
dos espíritus evocando tiempos mejores
que no regresarán.
¿Puedes dibujar el dolor que siento?
Dulcemente y como susurro,
la melodía de un viejo piano
en el interior del océano marca, rige la harmonía de lo que una vez fue historia.
Tu cuerpo rebosa cansancio y anhela otro desenlace,
mientras, prosigues el trazo y perfilas dos ojos tristes de alguien que se marchó sin despedirse.
(…la artista huye de su creación…)
Recuerdo como, en delicadeza,
perfilabas los labios
aquellos que enmudecieron ante la insistencia de un amorq
ue se refugiaba entre las sombras.
Tu mundo se derrumbó en abundancia de miedos y dudas
y, así, el cuadro llega a su fin…
¿Cuándo murieron los cisnes de aquella poesía?
¿Dónde se perdió la pasión de los que vivieron eternamente en la ignorancia de estar enamorado del amor?
(la artista fallece, muere el genio pero no su obra)
Y allí estás,
observando tu obra
desde un lugar que desconozco
y al que jamás podré acceder,
pues soy pintura y luz,
soy color y tempera
y eternamente eterno.
Si caes, te cogeré,
si te derrumbas, te levantaré,
si el sol no nace mañana,
estaré junto a ti
quizá el tiempo no cese,
quizá la juventud nos haya abandonado
y releguemos nuestro tiempo a otros.
No obstante, el cuadro seguirá vivo,
el cuadro se mantendrá en la memoria
de los que caen o de los que nacen,
pues no hay mal que abata los verdaderos sentimientos,
pues no hay distancia que pueda mitigar el verdadero amor.
